martes, 27 de junio de 2017

El tema Qatar


Como ya lo venían haciendo a partir de Constantino, a principios del siglo XX las potencias europeas utilizaron la religión (esta vez el Islam) para cimentar su dominación en los territorios colonizados. En ese sentido, a principios del siglo XX se estimuló la creación de la diferenciación irreconciliable entre sunitas y shiítas, que impediría cualquier unión estratégica de los pueblos musulmanes del Medio Oriente.
Pero a finales del siglo XX, la religión reducía cada vez más su influencia; entonces fue creada la Hermandad Musulmana, que a través de las Primaveras Árabes, sometería a los pueblos musulmanes mediante el renovado “islam político”, garantizando el dominio occidental sobre los recursos energéticos de la región.
Así mismo, con la nueva Ruta de la Seda en desarrollo y las negativas de Irak y Siria a hipotecar su territorio, Occidente estimuló el separatismo kurdo y la creación de un sunistán en los territorios que pertenecen a Irak y Siria, a fin de  bloquear la ruta Beirut-Damasco-Bagdad-Teherán-Beijing. De allí la creación de un Califato Islámico con un fortísimo financiamiento por parte de las potencias occidentales.
Por otro lado, para diversificar la dependencia del petróleo, Europa y las administraciones demócratas estadounidenses (cuyos principales lobistas son el complejo militar-industrial), vienen planificando desde la administración Clinton la conversión masiva de sus tecnologías energéticas, contando con los enormes reservorios de gas de Canadá y la construcción de la infraestructura apropiada desde Qatar hasta Europa, vía Arabia Saudita-Irak-Siria-Turquía.
Para llevar a cabo ese plan, se debía bloquear la distribución energética a Europa desde Rusia, lo que se lograría organizando la guerra en Ucrania, para justificar la necesidad de actuación de la OTAN a lo largo de toda la frontera europea con Rusia. En esa idea, se ofreció a Turquía un falso pase de entrada a Europa, mientras se organizaba su desmembramiento, iniciado con un golpe de estado que resultó fallido, gracias a la intervención de Rusia. A raíz de ello, Rusia se activaría en la defensa de Siria, para defender su frontera sur e interrumpiría el curso de la destrucción de esa nación y de la construcción de los gasoductos dirigidos a Europa.
Entonces los británicos decidieron reformular la disposición de la infraestructura gasífera, promoviendo una alianza política Doha-Teherán-Ankara (apoyados por Hezbolah y Hamas), que daría como resultado la disolución del conflicto “sunitas versus shiítas” y permitiría que la construcción de los gasoductos cambiara su rumbo, incluyendo a China en la distribución gasífera desde Irán, lo que a la vez afectaría las relaciones entre los dos gigantes asiáticos.
En ese sentido, algunos altos líderes de Hamas (que pertenecen a la Hermandad Musulmana) se han reunido en la última semana con altos cargos de Irán, mientras otros se han reunido con altos cargos de Egipto, lo que podría evidenciar la existencia de negociaciones en la búsqueda del apoyo a la solución de Dos Estados, sin comprometer la posición oficial del gobierno palestino.
Ahora bien, la decisión de cambiar la vía de distribución del gas dejaría fuera del negocio a los saudíes, que han gastado tiempo y recursos en contra de Yemen, por el dominio de las reservas del mineral que está en ese territorio, a la vez que han soportado las pérdidas económicas por el prolongado tiempo de la baja del precio del crudo.
Eso no hubiera producido una diferencia, si no hubiera sido por la victoria republicana en las elecciones estadounidenses, cuyos principales lobistas son los petroleros estadounidenses, que ven sus negocios acabados si el plan de los europeos se completa.  Así que una vez impuesto de poder, el mismo presidente de EEUU promovió que Arabia Saudita, Emiratos y Egipto rompieran relaciones con la Hermandad Musulmana y arremetieran contra Qatar, principal aliado de los británicos, replanteando las alianzas en la región.
A todas luces, parecía que como resultado del anuncio del nuevo planteamiento geopolítico, habría un choque bélico entre las partes en conflicto; a la sazón Irán y Turquía inmediatamente comenzaron el envío de tropas a Qatar, en previsión de un inminente ataque saudí. Sin embargo, el 15 de junio, EEUU anunció la venta de 36 F-15 por 12 mil millones de dólares a Qatar y el 16 de junio hacían maniobras militares conjuntas, después de haber vendido hace sólo un mes, 11 mil millones de dólares en armas a los saudíes.
Ello evidencia que el complejo militar-industrial estadounidense está enfrentado con la nueva administración, que debe cumplir sus compromisos con los petroleros, impulsando la productividad interna; pero se enfrenta con los que militan en la idea de que una de las maneras de reactivar la economía del país es a través de la creación de guerras por todo el planeta, que es la política que ha llevado a cabo EEUU en los últimos 20 años, en detrimento del resto de la industria del país.
Por un lado, China espera que el Brexit se traduzca en una alianza económica y financiera con Londres, a la vez que se beneficiaría con el fin del yijadismo, lo que inhibiría el peligro del terrorismo en su territorio y los alrededores. A la vez que sacaría partido de la nueva arquitectura gasífera que la incluiría, para no depender exclusivamente del gas ruso, lo que le daría cierta libertad de desarrollar sus industrias pesadas y su agricultura en el sur-este del territorio ruso, que está siendo colonizado desde los últimos 20 años por las empresas chinas.
Por otro lado, Beijing apuesta por la colaboración de Donald Trump, con la apertura de EEUU al Banco Asiático de Inversión para la Infraestructura (AIIB) y con el desarrollo de todas sus rutas comerciales. Pero tiene que sopesar que la creación del Califato Islámico se debe a los mismos que dispusieron la destrucción de las naciones con las que tiene frontera, afectando de manera directa su territorio y sus planes estratégicos; por ello no puede descuidar su alianza estratégica con Rusia, que sería el único garante de la estabilidad de sus fronteras occidentales.
Mientras tanto, Trump ha instado a aumentar las exportaciones de gas y petróleo para que su país consiga dominar en esa esfera. Ello parece estar en sintonía con la preparación de la apertura de un frente en Venezuela, con lo que se apropiarían definitivamente del mercado mundial del crudo, lo que no afectaría directamente a China, pero contendría muchos proyectos estratégicos, tal como las vías alternas de la nueva Ruta de la Seda.

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